Opinión

El braille se siente de color azul

Por Hilda Laura Vázquez Villanueva*

Soy una mujer ciega de nacimiento, actualmente tengo 48 años, y soy una defensora del uso y el beneficio del sistema de lectoescritura braille.

Aprendí braille, creo, me acuerdo, como a los cuatro años, y creo que en un principio, tampoco me gustaba, no sé por qué, tal vez era porque en aquellos tiempos, yo percibía un poco de luz y algunos colores, y mi favorito desde entonces fue el azul. Y esa poquita visión me servía para ver letras, aunque muy grandes, pero yo sentía que les veía, y eso era importante en ese momento para mí. Tal vez para muchas personas es algo desafortunado pero para mí ya es algo intrascendente, perdí la vista como a los 15 años, pero lo que nunca perdí fue esa buena enseñanza y los beneficios que en mi vida ha representado el uso del sistema de lectoescritura braille.

En un contexto técnico, es un sistema de seis puntos en relieve sobre papel, que beneficia a las personas con discapacidad visual, pero para mí ha sido algo mucho más que eso, significó y aún significa, una puerta, una ventana, una rampa, un escalón, lo que sea que signifique ese inmenso acceso a todo tipo de información.

Recuerdo de niña los pleitos con mis padres, ya que tenía que aprender a escribir en braille, y en tinta, entonces era tener callos por agarrar el punzón, y callos para aprender a sostener el plumón; aun así creo que son dos cosas que nunca deben pasar de moda, independientemente de los beneficios tecnológicos que ahora tenemos al alcance. Tuve mis cuadernos, con letras en tinta enormes, que según yo las podía ver, pero también tuve, mis hojas, escritas en braille, muchas por cierto, con las que podía tocar, entonces era curioso que yo decía que veía y sentía las letras. Por eso también digo que el braille es como el amor, se tiene que sentir para verdaderamente disfrutarse.

Poco a poco aprendí a conocer todo el abecedario, luego, las letras acentuadas, mejor dicho ya no me acuerdo cómo fue el sistema, pero lo que sí me acuerdo, es que me sentí muy feliz cuando aprendí a escribir azul, sí, justo eso, azul, mi color favorito, pero justo porque lo sentí, sentí que azul se escribía a, z, u, l.  Y qué importante es que podamos tener una buena ortografía, una buena redacción, una buena capacidad de sintaxis, y por supuesto el hábito de leer y escribir en ese sistema que nos permite ser libres e independientes en este tipo de habilidades de lectura, comprensión, escritura y redacción. 

A lo largo de mi vida académica he tenido muchos retos, sobre todo porque en braille, por lo menos aquí en México, no existe nada. A mí los libros en braille de la primaria mi mamá me los hizo, en un sistema rústico con una máquina, y poco a poco, pero al fin y al cabo tenía los materiales. Sé que hoy en día hay esfuerzos por parte del gobierno para poder acercar estos materiales en sistema braille a los niños en niveles educativos básicos, sin embargo, creo que los esfuerzos no son suficientes porque los libros -aun a estas alturas del ciclo escolar- todavía no llegan a los niños y niñas con discapacidad visual que realmente los necesitan y por supuesto son merecedores de ese derecho a la educación.

Sin embargo, para mí el sistema braille siempre fue la alternativa más eficaz para poder recuperar mis apuntes durante las clases, poder enviar algunos recaditos secretos, cuando las personas que eran compañeras de clase aprendían también braille y con eso incluso podíamos hacer acordeones (por favor, que esta nota no la lean mis profesores porque imagínense qué pena), pero sí justo, así, yo tomaba notas de matemáticas, de griego, de latín, por supuesto de literatura, y de todas las materias que en mi trayectoria educativa tuve que cursar. No obstante, qué difícil también fue porque ningún texto académico se encontraba en braille, y si acaso tenía posibilidades de poder producirlo, era también muy caro y muy tardado; hoy en día eso ya ha cambiado un poco, es decir, hacerlo ya no es tan tardado, y ya no es tan complicado, pero sí es costoso. Pese a ello, seguiré defendiendo el braille como ese sistema primordial con el que yo puedo sentir la cultura, sentir los números, sentir los colores, y sobre todo mi color favorito, el azul.

Existe una gran polémica respecto a que si el braille también es un sistema exclusivo para personas con discapacidad visual y también sobre si es mejor reemplazar el sistema braille por el uso de las tecnologías de acceso a la información. Yo no soy quién para decidir qué es lo mejor, lo que sí sé es que nada como el hecho de poder identificar una correcta ortografía, fortalecer el buen uso de los signos de puntuación, y generar una buena lectura de comprensión; y eso no me lo brinda el lector de pantalla de mi computadora ni el lector de pantalla de mi teléfono, solo me lo brinda el hecho de sentir a través de las yemas de mis dedos los puntos que conforman las grafías del sistema braille.

Por último, si bien toda mi vida tuve que leer, mejor dicho, escuchar los libros, porque solo podía encontrar la información en audio, eso no ha limitado mi capacidad de aprendizaje, pero sí requiero fortalecer estas habilidades antes mencionadas cómo la ortografía y redacción, entre otras, con el apoyo del sistema braille, y para eso también las tecnologías de acceso a la información me ayudan, es relevante mencionar cómo han evolucionado los sistemas operativos de los dispositivos móviles para que también las personas con discapacidad visual podamos escribir utilizando el código braille, ya que en las diferentes alternativas de teclados, existe también el teclado braille; y que las letras aparezcan en caracteres comunes, entonces, el braille no ha pasado, y espero que no lo haga, de moda; por el contrario, espero que más personas se convenzan de que es la única alternativa funcional que verdaderamente tenemos las personas con discapacidad visual para la efectiva recuperación de información escrita.

Así que, las personas ciegas debemos sentir la lectura, así como el amor, para verdaderamente disfrutarla, y aprender de ella.

Hilda Laura Vázquez Villanueva. Para la gente que la conoce y que está cerca de ella es  “princesa azul”. También es maestra y capacitadora en varios temas, entre ellos accesibilidad e inclusión laboral, que aborda en su canal de YouTube


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